Convirtiendo sueños

Hay veces que no queda más remedio que entregarse a los sueños. En esos momentos lo mejor es dejarse Vivir, ¿para qué intentar interceder y meterse por medio? No es necesario hacer nada concreto, no intentes mediar. Déjate. Abre los ojos. Despierta.

Hay una forma de soñar que subyace entre todas y que tiene que ver con sucumbir a la Vida, con dejarse mecer sin oponer resistencia y con permitirnos sentir la Paz que Somos. Cada vez que soñamos con ella nos vemos disfrutando de la Vida, riéndonos sin parar, carentes de problemas, alejados de preocupaciones y de asuntos escabrosos que nos toque resolver, sin apuros económicos, haciendo alarde de una salud perfecta, rodeados de toda la gente a la que queremos tener cerca, disfrutando de un trabajo maravilloso en el que, por supuesto, no están los dos compañeros tocapelotas con los que nos toca bregar en el trabajo de mierda que tenemos ahora… y así podríamos extender hasta el infinito la lista de lo que “necesitamos que pase” -y no pasa- para Vivir una Vida idealizada y perfecta.

Lo que acabas de leer es un comportamiento bastante habitual en el Ser Humano: aplazar la felicidad para cuando deje de pasar lo que está pasando. Es decir, poniendo fuera la responsabilidad de lo que Vivimos dentro. Puede que esta forma de entender Vida sea de las más extendida, incluso la más “razonable” (ya que nos da la oportunidad de anestesiar lo que duele y pasar por encima), pero no es la que trato de mostrar en este post. Es más, la entrada de hoy es una invitación a que dejemos de conformarnos con soñarnos felices. Convirtamos sueños en realidad.

Me resulta muy curioso encontrarme con  personas a las que les parece algo loco o incluso utópico eso de ser felices, quererse a sí mismas, escucharse, concederse un espacio o tiempo de calidad. Este tipo de personas suelen estar cansadas de bregar con situaciones complicadas y, cuando tienen oportunidad, aligeran una parte de su carga soltando por la boca lo que les rebosa sin plantearse la posibilidad de parar y mirar qué es lo que hace que les pese tanto esa mochila roída de tanto cargar. No vaya a ser que puedan aligerar el peso y la liamos. Que si es así, entonces hay que ponerse a revisar y toca volver a colocar con lo que nos ha costado llegar a donde estamos… ¡uf, qué cansancio! Mejor conformarse con lo que hay aunque joda. Total, ya estamos acostumbrados.

Vivirnos así duele.

Por mucho que nos queramos contar nuestra historia como que no nos queda otra que resignarnos a lo que hay… esa no es la verdad, es tan solo la nuestra. Tomemos conciencia de ello porque Vivir así duele infinito y nos lleva a confundir nuestro paso por la Vida con un camino por el que andar en busca de una forma de anestesiar lo que sentimos. No mires, no rebusques, si te acercas a lo oscuro olerá a mierda, tapa, esconde y sonríe, sonríe mucho, que no te lo noten, cierra bien todas las fugas, no vaya a ser que alguien huela el hedor de lo que escondes… ¿Para qué?, ¿para esconderlo de quién?, ¿de ti?

¡Claro que puede sonar muy coherente esconder lo que huele que apesta!, ¡¿cómo no va a serlo?! ¿Hay alguien en su sano juicio al que le guste escarbar en la mierda?

Pinta como que no, pero…

¿Y si ese lugar oscuro al que tanto nos han dicho que hay que temer no oliese tanto a estiércol como parece?, ¿y si tras todo el fango oscuro se hallase un niño asustado que tan solo quiere que le amen por quien es?, ¿cómo sería entonces mirar hacia lo que nos aterra?, ¿por qué no intentarlo?

Ante momentos en los que nos vienen a la cabeza este tipo de preguntas, solemos dar la bienvenida a dos nuevos elementos en el bonito juego de la Vida: el gato y el ratón. Una parte de nosotros trata de convencernos de que estamos bien como estamos, que para qué vamos a ahondar en nada con lo que nos ha costado llegar hasta donde estamos y todo lo que hemos sufrido por el camino, y al mismo tiempo tenemos otra que nos pide que escuchemos, aunque sea de soslayo, el reclamo que proviene de ese niño asustado y lleno de barro que todos tenemos escondido. Ambos elementos temen Encontrarse. Se contemplan como separados: Vencedor y vencido ¿Sobre cuál de ellos enfoco mis sentidos? Obviamente, sobre el que YO decido.

Viéndolo así descubro que no existen motivos fuera que me obliguen a resignarme a no Verme en mi propia Vida, y me doy cuenta de que, cuando dejo que lleguen a ser más protagonistas que yo, es porque YO decido que lo sean, no porque tengan la posibilidad de serlo por sí mismos.

Si me lío la manta a la cabeza y empiezo a soñar que soy yo quien protagoniza mi Vida:¿qué ocurre?, ¿aparece el miedo?… ¡Bien!, ¡Es perfecto! Gracias a que surge, tengo la oportunidad de Verlo ¿Y qué me cuenta mi miedo sobre mí?, ¿cuánto temo perder lo que tengo?, ¿de qué se alimenta mi miedo?

Quien conoce perfectamente las respuestas a estas preguntas complejas es ese niño del que hablábamos antes. Ese que chapotea en el barro que le cubre hasta los dientes esperando a que le quieran y le hagan caso. Ése enano enfangado al que temes es el mejor aliado que puedes tener. Y, además, el único. Sólo él puede abrirte la puerta de ti. Crúzala y descubre que no te lleva a ningún lugar, que lo único que ocurre es que tomas conciencia de ti mismo. La oscuridad de la que huyes eres tú disfrazado de sombras y de miedos suplicando ser Amado. Descubre, Acepta y Ama cuanto te muestre esa parte que también está, que forma parte de ti. Te está haciendo un gran Regalo: mostrarte tu forma de Ver la Vida.

Yo soy de las que cree que no tiene por qué gustarnos todo lo que sentimos o pensamos, pero también creo que tenemos el don de Amarlo. De hecho, abrirnos a Amarlo lo difumina, lo hace más pequeño. No creo que podamos sentirnos felices sin abrirnos a Amarnos completa y honestamente, y aquí es importante discernir entre felicidad y bienestar. Podemos sentir un bienestar infinito disfrutando de una puesta de sol mientras leemos un buen libro y sentirnos felices mientras experimentamos el dolor dando a luz a un hijo. Todo depende del Sentido que decidamos darle a lo que sucede…

Ahora sé que no es necesario alcanzar nada distinto a lo que tengo para ser feliz. Hace tiempo descubrí que no es posible ser feliz mañana. La felicidad se da Aquí y Ahora. “El mañana” es una ilusión mental que nos limita tanto como para creernos que el Sentido de nuestra Vida se puede postergar.

Y fiándonos de “mañanas” cargaditos de todo lo que ahora no está, nos conformamos con soñarnos felices en un tiempo -que es tan incierto- como la duración del sueño al que nos queremos agarrar.

CONVIRTIENDO SUEÑOS

Un comentario Agrega el tuyo

  1. Julián González dice:

    Gracias Gema por regalarnos todas la semanas tu sensibilidad, das en el clavo, comparto en gran medida tus reflexiones. La lucidez y la sensibilidad son como los diamantes, tan escasos como raros, y por eso la sensibilidad y lucidez debería ser lo mas cotizado. Así es tu caso, que nos das esos tesoros, mi reconocimiento por tus cartas.

    Me gusta

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