9 y 10 de octubre de 2017

9 y 10 de octubre de 2017

Hoy me apetece compartir algo distinto a lo habitual. Es el relato de un viaje. No sé cómo voy a hacerlo exactamente, pero me apetece detallar cada momento, dejarlo por escrito según acontece, según lo Vivo. Según lo siento. Quedará como tenga que quedar, no le voy a dar mucha importancia. Este es un viaje como muchos otros, un traslado de lugar. Pero el Sentido es distinto. Es un reencuentro con orígenes, con momentos, con personas. Lo que vas a leer está escrito en Presente y no me refiero al tiempo verbal. Ojalá consiga que mis palabras se acerquen lo suficiente como para mostrarte el lugar del que proceden.

Comencemos…

El AVE ha salido a las seis menos diez. Madrugar mucho a veces da pereza, pero también tiene su gracia. Te da la oportunidad de despertarte en Madrid y arrancar el día a las nueve de la mañana en Barcelona.

Me encanta viajar, es como hacer un paréntesis. Te subes al tren y parece que todo lo que tienes que hacer se detiene mientras tú avanzas a más de 3oo kilómetros por hora. Bonita metáfora.

Con este viaje me siento un poco rara y yo juraría que no es por haberme levantado a las cuatro de la mañana. Es algo distinto. Desde que he salido de la cama tengo la sensación de que algo me abraza y me da coraje no saber definirlo. Puede que sea la ilusión por volver a la tierra en la que comenzó una nueva etapa en mi Vida tras la separación de mis padres. O puede que tenga que ver con lo que me evocan estas calles. O quizás sea por el motor de arranque de este viaje; él es el que me lleva a pisar el parque en el que ahora mismo escribo. No sé qué es lo que me hace sentirme así, pero es tan bonito y tan mágico que lejos de intentar explicarlo me voy a conformar con experimentarlo…

Hoy, 9 de octubre de 2017, vuelvo a pisar la tierra en la que viví hace 37 años, y lo hago cargada de ilusión por lo que he venido a compartir. Mañana se entregan los III Premios “Hospital Optimista” y voy a tener el lujo de estar allí, de empaparme de la Magia que desprenden las personas que dedican su Vida a cuidar de otras poniendo su Alma en ello.

Pero eso será mañana. Hoy tocan otras cosas, toca ultimar los preparativos para que se vea tan lindo como debe verse el trabajo que un gran equipo de personas comprometidas ha realizado durante el último año. Y yo, chica con suerte que soy, llego para disfrutar de la guinda del pastel que tan maravillosamente han preparado.

Hemos quedado a las cinco de la tarde en el IESE. Ahora son las 9:25 a.m., así que tengo tiempo de sobra para  deleitarme en este parque que tanto me gusta y del que tantos recuerdos tengo grabados. Aquí me caí de los patines mis primeras trescientas veces –o más-, por sus jardines corrí tratando de escaparme de los brazos del yayo y me fui de nuevo a ellos para que me llevase hasta el kiosco a comprar comida con la que invitar a merendar a las palomas. Mientras miraba a este parque en el que ahora estoy aprendí el gallego que el yayo me enseñó mientras disfrutábamos al fresquito en el balcón. En estos bancos pasé una parte de mi infancia y volver a ellos es realmente gratificante. Incluso me llega a parecer que quienes ya no están también me acompañan.

Toca parar la lectura para reubicarla. Hace ya 15 horas que Viví esa parte del viaje. Desde entonces no he tenido tiempo para escribir más, así que ahora toca hacerlo evocando en lugar de escribir de primera mano. Está bien. Me gusta eso de convertir Vivencias en palabras mientras estoy tumbada en la cama del hotel. Estoy rotina, pero encantada.

Continuemos…

Mientras terminaba de escribir en el parque, mi amigo Iván ha aparecido tan sonriente como siempre. Iván es una de esas personas a las que conozco desde hace poco pero con la que tengo muchas más cosas en común que con otras con las que llevo toda la Vida. Habíamos quedado para charlar un rato, pero como “un rato” no se sabe muy bien lo que es, pues lo hemos convertido en casi cuatro horitas en las que echarnos unas risas, ponernos al día y quedarnos con ganas de charlar más.

Pasadas ya las dos de la tarde he tenido la suerte de poder pasar un ratito con mi tía. Verla esperar para cruzar en el paso de cebra ya me ha puesto una sonrisa de oreja a oreja. Me encanta esta mujer. Tiene una forma de reír divertida, me gusta cómo se expresa, su naturalidad y abrazarla, porque es pequeñita y se la coge entera. Parece comestible y tiene una sonrisa que invita a quedarse para siempre con ella.

Mi siguiente paso ha sido una pizza en la pizzería donde tantas veces hemos cenado en familia y traslado al IESE. El conductor del segundo autobús que he cogido me ha parecido un encanto. Me chifla encontrarme con personas que sonríen por el simple hecho de cruzarse con alguien aunque no le conozcan de nada. Me parece bonito y me hace pensar en por qué no lo haremos más

Pasadas las cinco he entrado al Auditorio del IESE con unas ganas locas de colaborar en lo que pudiera, de aportar un granito de arena. Encontrarme con Carmen, con Floren, conocer a Chloe, a Marta, y a tantas, tantísimas personas que desprenden ganas de hacer cosas por los demás es alucinante. Ha sido una inyección de Vida lo que me he llevado hoy de allí. Gracias, Gracias, Gracias.

Ahora ya me voy a dormir, mañana más y…

Día 10 de octubre de 2017.

Voy de vuelta a Madrid en el AVE. Son más de las diez de la noche de este mágico día 10. Vuelvo a disfrutar del tren y de la tranquilidad a la que me invita, pero es tan intenso lo que he Vivido hoy que tengo la sensación de que mi corazón va mucho más rápido que la velocidad a la que nos desplazamos. Lo mismo hasta llega antes que yo. Madre mía, ha sido muy, muy, muy especial. El reconocimiento a la labor de los profesionales sanitarios que van más allá de su profesión para mostrar una invitación a la esperanza, a que se pueda librar duras batallas sin perder la sonrisa más sincera, la que sale del Alma, ha sido sencilla y maravillosamente brutal.

Yo tuve la gran suerte de cruzarme con sanitarios así cuando me diagnosticaron el aneurisma y puedo dar fe de cuánto se necesita (en un momento en el que sientes que tu Vida pende de un hilo) toparte con personas capaces de envolverte serenamente con una caricia. De invitarte a la calma.

Es complicado quedarse con algo en concreto después de todo lo que he Vivido hoy.

Al terminar la Gala he vuelto al parque de la Sagrada Familia (lugar en el que ayer arrancaron las palabras que ahora lees). Conocer en la que fue la casa de los yayos a mi prima Alba ha terminado de robarme el corazón. Tres años de Vida, pura energía deseando compartir una ternura tan natural como que salga el Sol cada día. No se puede ser más bonita.

Mi viaje se acaba. Necesito digerir tantas emociones para guardarlas en recuerdos que queden perfectamente blindados al tiempo. Ha sido precioso Vivir así de Presente cada momento.

Vuelvo con la misma sensación de Magia con la que me fui y llevando en mi maleta cada mirada. Cada sonrisa. Cada beso…

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