¿Hacia dónde?

Hacia donde

“Aunque la mayoría de las personas no van hacia ninguna parte, es un milagro encontrarse con una que reconozca estar perdida”

José Ortega y Gasset

¡Cuánto cuesta reconocer que estás perdido!

Hablo por propia experiencia. A mí me pica de cojones, mi cabeza me cuenta historias, me dice que tengo que saber situarme, encontrar mi lugar en el mundo. Definirme entre coordenadas. Unas que otros consiguieron situar. Que me sirvan de guía lo que otros ya han hecho. Que no se me ocurra ir más allá porque adentrarme en terrenos no explorados es poco menos que de kamikazes. Que encaje. Que encaje siempre. Que encaje y que vuelva a encajar. Que encajar es lo importante para situarte. Aunque para mí carezca de Sentido, eso da igual, lo importante es la razón. Y la razón quiere ganar siempre. Le mola imponerse porque se sabe fuerte. Lo que ella no sabe es que no lo es más que yo.

Y podrá sonar a chulería, pero no. No soy tan pequeña como lo que mi cabeza me cuenta sobre el miedo. Soy algo, cuanto menos, distinto. Puedo verlo. Y, al hacerlo, tomo perspectiva. Somos distintos elementos. Yo + lo que pienso. Y a esto puedo añadirle todo lo demás: lo que siento, lo que digo, lo que hago… Pero siempre soy “yo” + “algo” y, como siempre digo, el contenido nunca puede ser más grande que quien lo contiene.

Aún así, no lucho contra el miedo. Hace un tiempo descubrí que hacerlo carece de sentido aunque me lo justifique la razón. Ella me dice que lo que tengo que hacer es acercarme a lo bueno, que el miedo es malo, y que lo mejor para mí es alejarme de él, pero me doy cuenta de que están aliados porque, cuanto más creo alejarme del miedo, más espacio de mí le doy, más grande le hago, y más fiero lo pinto.

Hace poquito me di cuenta de algo: la mayoría de las coordenadas que tomo como referencia para conseguir situarme no son mías. Me guío por ellas sin saber ni de quién son. Pero lo más cojonudo de todo es que ni me lo planteo. Las doy por buenas y punto. Las tomo como referencia porque están avaladas “por el resto” y “el resto”, obviamente, no soy yo, pero yo hago como que sí, que lo que le vale a muchos también tiene que valerme a mí. Es como si viviese a base de sondeos… -si esto está comprobado y avalado por otros, es lo bueno- Si no, me alejo de ello.

Lo bueno de darse cuenta de algo es que te da la Oportunidad de tomar conciencia, y la conciencia camina por lo que piensas para situarte en lo que Eres. Ahí se desCubre la Magia del no saber. Y digo que se desCubre porque es algo que siempre tuviste, pero no supiste Ver hasta ese momento. Fuera fustas, látigos y cualquier tipo de tormento que te cuente lo de “¿cómo no me he dado cuenta antes de esto?” o te interrogue para saber “si serás capaz de mantenerlo en el tiempo”. Quien empuña las armas vuelve a ser el miedo , sí. Y quiere que te acerques a él. No le gusta sentirte lejos. Y debes saber que, aunque sea lo habitual, no hace falta enfadarse con el miedo por eso. Si vuelves a ser consciente de ti, te darás cuenta de que simplemente te echa de menos.

Mirar al miedo con ternura y Agradecimiento resulta paradójico, lo sé. Pero date la Oportunidad de acercarte a él de esta forma, verás cómo se convierte en un potentísimo Maestro. Yo creo que el mejor, porque está dispuesto a darle la vuelta entera a tu calcetín y hacer que salga hacia afuera lo que siempre tuviste dentro. Lo que te da nuevas referencias con las que crear tus propias coordenadas.

La diferencia entre este tipo de geolocalización y la otra a la que estamos acostumbrados es que no vas a tener guías. Esto puede parecer una putadilla (de hecho, lo parece mucho/mogollón), pero si dejas pasar el shock inicial, descubres que no tener guías o referencias sobre las que apoyarte es una potente forma de descubrir tus propias -y adaptadas- herramientas.

Dicen que la necesidad agudiza el ingenio, ¿no?  Pues cuando sientes la necesidad –real, profunda y honesta- de re-conocerte (entiéndase como volverte a conocer) lo que se te agudiza es el Compromiso contigo mismo, y yo creo que esa es la forma más férrea de compromiso.

Cuando te Comprometes así suena muy bonito, pero la realidad es que te pegas hostias como panes. Todo se sacude, sale la mierda. Llevas toda la Vida tratando de no agitar el agua de tu charca para que los demás vean que la suya está muy turbia, pero la tuya está muy clara. Te lo llevas currando mucho tiempo para que todo el mundo quiera bañarse contigo y de repente te das cuenta de que te acojonas vivo si alguien quiere saltar por si se sumerge tanto como para alcanzar el fango y enturbiar tus limpias aguas.

No somos charcas, somos cada gota de agua. ¿Por qué nos costará tanto darnos cuenta de esto?

¿Te imaginas que cualquiera de las gotas de esa charca imaginaria sufriese por creer que el lugar que ocupa no es el que le corresponde y decidiese dejarse morir allí?, ¿qué pasaría entonces con la Magia del ciclo del agua?, ¿dejaría de existir? No, claro que no. El ciclo del agua es la Vida y la gota imaginaria nuestra limitada forma de Vivirla.

No es justo que nos ubiquemos en algo tan puntual como nuestras circunstancias. Sin embargo, estamos acostumbradísimos a hacerlo. Somos grandes y nos sentimos pequeños. Y no es cuestión de convertirnos en egocéntricos, sino de ofrecernos un justo reconocimiento. No somos lo que pensamos, tampoco lo que decimos o hacemos. Eso tan solo son los resultados de nuestra forma de Vernos dentro de un escenario que nosotros mismos montamos.

Somos Vida creando una forma de Vivirla. Paradójico pero cierto. Y limitado también. Mucho. Porque Somos Humanos, pero siempre tenemos la Oportunidad de Humanizarnos, de reconocernos en nuestra propia experiencia y así Aprender a reconocer a los demás más allá de lo que dicen, hacen o piensan. Somos más que eso, tengámoslo claro. No somos mejores que nadie. Somos gotas del mismo ciclo de agua buscando qué nos diferencia para sentirnos distintos. Buscando que nos distingan, que nos reconozcan como alguien especial. Queriendo que otros quieran lo que nosotros no conseguimos Amar.

En estos días que se acercan parece que se crea un espacio de reflexión. La Navidad invita a parar y mirar hacia adentro. Al finalizar el año muchos de nosotros hacemos un listado de nuevos propósitos, de retos o de sueños que deseamos cumplir. Parece que es el momento perfecto, “el bueno”, como si no lo fuese cualquier otro… pero bueno, es lo que suele ocurrir, ¿no? ¡Pues aprovechemos!

¿Por qué no desCubrir en qué lugar estamos sin guías que nos aten a lo que ya conocemos?, ¿por qué no ser honestos?, ¿por qué no dejar de situarnos nosotros utilizando como referencia al resto?, ¿por qué no permitimos que nuestra Coherencia sea la encargada de crear nuevos senderos?

Toda esta batería de preguntas la comparto tomándola también como referencia para mí. Estoy en ello. Aprendiendo… me.

Por eso he decidido que esta que acabas de leer es la última entrada del año.

2017 Ha venido cargado de Maestros con ganas de enseñarme. Me siento Agradecida por ello y siento que ha llegado el momento de parar y situarme.

¿Hacia dónde voy? Ni idea, no sabría contestarte. Lo único que sé es que avanzo dispuesta a conocer cada piedra del Camino.

Con esto, mucho Amor y un gran bizcocho… ¡hasta el 2018!

4 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Maribel dice:

    De nuevo, muchas gracias Gemita, no tiene desperdicio!!!!!!!

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  2. grojol dice:

    Me ha gustado lo que escribes en esta entrada… y por eso te sigo desde ahora. Esperaré a que se acabe el bizcochete del 2017 para continuar degustando tus excelentes platos. Mientras echaré un vistazo a la despensa… con tu permiso.
    Un abrazo

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  3. canallathor dice:

    Pura terapia leerte, cielo…gracias por existir ☀️☀️☀️

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  4. Juanjo dice:

    Gracias Gema!!! Feliz bizcocho!!! 😉

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