Déjate Sentir…

Déjate Sentir...

Nos enfocamos en el hacer antes que en el sentir, negándonos así la posibilidad de descubrir si lo que hacemos -al menos para nosotros- tiene Sentido (que no explicación, pues no es lo mismo).

No sé si a ti te pasa también. Al menos a mí sí. A veces me dejo enredar por lo que hago y no soy consciente de lo importante que es Lo Importante porque mi Atención está enfocada en lo que tengo que hacer urgente. Me resulta curioso que a mucha de la gente que conozco también le ocurra esto y me pregunto por qué lo haremos… Imagino que cada uno tendrá sus motivos. Lo que no sé es si todos los que lo hacemos somos conscientes de que tenemos la capacidad de redirigir nuestra Atención y dejarnos sentir Aprendiendo de lo que sentimos.

SIENTE LO QUE ESTÁS SINTIENDO

Parece una perogrullada, ¿verdad? Pues no lo es tanto… Aunque sabemos que no podemos sentir distinto a como sentimos en cada momento, nosotros lo intentamos.  Luchamos contra lo que sentimos. Sobre todo si lo que sentimos pica, escuece o duele.

Ese es el motivo que nos lleva a emprender batallas campales contra nosotros mismos intentando cambiar las emociones que han aparecido. Nos empeñamos en autoengañarnos, en disimular. Dedicamos tiempo y esfuerzo para ocultar las emociones que no nos gustan o incluso intentamos anestesiarlas a base de química pensando que así desaparecerán. A pesar de todo esto, lo que sentimos es lo que sentimos. Nada menos… y nada más.

Cuanto más dolor nos genera la emoción que experimentamos, más luchamos por que esta desaparezca, más nos escondemos de ella y menos interés mostramos en Aprenderla.

A nadie le gusta pasarlo mal. A mí tampoco. No le encuentro ninguna gracia a sentir miedo, dolor, ira, frustración o rabia. No, ninguna gracia, pero tampoco encuentro el motivo Real para rechazar estas emociones si ya las estoy sintiendo. Tan solo puedo argumentar en su contra que no me gustan nada, que me da coraje que aparezcan cuando creo que ya han sacado de mí todo lo que podían. Que a mí lo que me apetece es estar contenta o ilusionada y que me resulta realmente cansino que esas emociones salgan de nuevo a mi palestra. Y más aún que lo hagan en modo marisabidillo: dispuestas a enseñarme cosas sobre mí cuando yo creo que no van conmigo.

Sin embargo, ahí están las jodías, preparadicas siempre. A ellas poco les importa la opinión que yo tenga. Me da la sensación de que se entrenan para aparecer cuando menos me lo espero, que llegan a hacer turnos en mi cabeza para estar al acecho siempre. Menos mal que también le dejan su puesto a la ilusión, la alegría, la bondad, la empatía, el Amor y la belleza. Me pregunto qué sería de mí si solo las emociones dolorosas estuviesen preparadas para aparecer en escena…

Desde hace un tiempo me doy cuenta de algo que hace unos años me contaban sobre las emociones. Yo lo entendía, pero en ese entonces me sentía incapaz de creérmelo y mucho menos de llegar a ser consciente de ello. Esto era lo que me contaban sobre las emociones: Eres tú quien determina sus apariciones, quien las da de comer y quien las entrena. Yo no sé a ti, pero a mí se me ha dado bastante bien. Incluso a veces tanto como para permitir que en algún momento de mi Vida crecieran a lo bestia y me sintiese víctima de ellas.

Te voy a contar algo que no pensaba compartir aquí (al menos hoy), pero que acaba de llegarme con intensidad al corazón al recordar momentos en los que, de la Vida, tan solo veía su dureza y el victimismo reinaba en mi cabeza. Lo que te voy a contar ahora son momentos de esos en los que yo sufría y sentía a personas y circunstancias como verdugos dispuestos a ejecutar condenas. Condenas al dolor intenso, a sentirme incapaz de reír, a estar mega cabreada, a llorar a escondidas, a necesitar pastillas para arrancar los días y también para no volver a las noches en vela, al odio y a pedir a gritos anestesiar lo que sentía por algo tan sencillo, tan bonito, y tan humano como rechazar mis emociones por el miedo que me daba Aprender de mí a través de ellas.

“Necesitas dejar de sufrir”. Esa era mi premisa.

“Ya no puedes aguantar más”. Así me lo contaba.

Si la Vida era aquello que Vivía… estar empastillada hasta las orejas, cabreada con el mundo, dudando de todo y de todos… sentirme harta del hartazgo por confiar mil veces en que las cosas y las personas cambiarían sin que cambiase absolutamente nada y frustrarme cada vez más por ello… Si eso era Vivir… prefería no estar Viva. Lo que me llevó a coquetear con la muerte en dos ocasiones.

No creo que realmente quisiera morir, lo único que quería era dejar de sufrir. Me sentía agotada emocionalmente. Necesitaba sonreír y me sentía incapaz de hacerlo. Llegué a experimentar miedo si en algún momento me sentía bien porque rápidamente pensaba “A ver lo que me dura. Fijo que pasa algo y vuelvo a estar jodida” Y así era, profecía autocumplida. No me daba ni cuenta de lo imposible que se hace curar heridas si no paras de abrirlas. Y todo ese sufrimiento por miedo: miedo a sentir lo que sentía.

El rechazo a una emoción alimenta la culpa de sentirla. Y la culpa la repartimos hacia los demás, no solo nos la quedamos nosotros. Nuestra culpa la intuímos y la reacción ante ese dolor intuído es proyectar la culpa hacia los demás, llegando a escupírsela a bocajarro en momentos de enfado.

¡Por tu culpa…!

Una expresión que representa una condena en sí misma. Es un yugo que pesa tanto como para arrastrar al abismo de lo inabarcable las emociones encargadas de hacer brotar algo tan potente como la compasión. La culpa es una carga que nos hace presas de su propia condescendencia. Y en esa culpa estás tú y estoy yo. Y cualquier persona o circunstancia será culpable ante el juicio de quienes creemos tener el poder de dictar sentencia. Aquel o aquello que nosotros consideremos será el responsable de nuestro sentir, pasando de la responsabilidad a la culpa si aquello que experimentamos son pesares.

¿Por qué haremos eso?

¿Para qué buscaremos culpables?

Yo creo que lo hacemos por aligerar la carga. Abrirnos honestamente a nosotros, a lo que sentimos, y darnos cuenta de nuestra responsabilidad emocional nos parece una putada porque inmediatamente salen a flote todos los mecanismos de defensa. Se arman hasta los dientes, y lo hacen dispuestos a luchar hasta convencernos de que nuestra responsabilidad no es real: ¡Sí, hombre, después de lo que te ha hecho vas a ser tú la responsable…!

Responsable de su hacer no, PERO SÍ DE LO QUE SIENTES.

Si fuese verdad que las actitudes de otras personas o las circunstancias que Vivimos tienen la potestad de hacernos sentir lo que sentimos, todo el mundo sentiría lo mismo ante una misma situación y tanto tú como yo sabemos que eso no es cierto. Cada uno siente de una forma, de la suya más concretamente.

¿No es bonito? ¿Te imaginas que todos sintiésemos lo mismo? Vaya coñazo.

La Vida está abierta a que la sientas, eso está claro. Pero busca que la sientas como lo que Es, que no te conformes solo con Vivirla como La piensas. Ella sabe que nuestra forma de Verla es limitada. Nos dejamos guiar por creencias sobre Ella a las que nos aferramos llegando a creer que seremos capaces de encajar la magnitud del Universo en nuestra pequeña maleta.

¿Para qué creeremos eso? Pues vaya usted a saber. Puede que para tratar de estar cómodos en nuestras rutinas, para creer que podemos controlar nuestra Vida, para  no cagarnos de miedo por saltarnos el guion de unas reglas súper establecidas, o que simple y llanamente lo hagamos por inercia. Sea por lo que sea, nuestra forma de Vivir la Vida es -tan solo- la nuestra.

Permitámonos habitar en ella, tomar conciencia de lo que nos lleva a latir como lo hacemos, a sentir como sentimos…

Seamos responsables de nosotros mismos, vayamos más allá de lo que tiene explicación. Crucemos los motivos.

Dejémonos Sentir.

Encontremos el Sentido.

3 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Maribel dice:

    Hay veces que nos sabemos la lección , pero en el momento crítico no sabemos aplicarla. Muchas gracias Gemita

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  2. Wow, me gustó lo honesto de este post. Gracias por compartirlo. Es muy difícil si, pero te aseguro que una vez que te conectas con tus emociones y te permites sentir lo que sea que estés sintiendo, ya sea enojo, frustración, tristeza, soledad, alegría, entusiasmo, amor, o desamor, la vida se hace menos pesada, te liberas y te sientes mas humana. Somos seres llenos de emociones y sentimientos, rechazar eso es rechazarnos a nosotros mismos, permítete sentir, permítete ser tú. 😉

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  3. Muy bonita , y difícil de poner en práctica , vivimos en una sociedad polivalente tan correctos con los sentimientos que al menos yo me siento culpable cuando siento lo que siento , un abrazo guapa

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