Cuida de quien Eres cuando estás a solas

Cuida de quien Eres cuando estás a solas

Por miedo al qué dirán nunca dejes de contarte las cosas.

Leí por primera vez la frase que da título a esta entrada hará cerca de un año. “Cuida de quien Eres cuando estás a solas”. Bonita invitación a la reflexión. Me encantó. En aquel entonces la asumí como un faro, como un referente para guiarme en momentos de mareas revueltas, de dudas, de quiebros y de incertidumbres.

Hoy la siento igual de potente e intensa que entonces, pero me he dado cuenta de que a fuerza de querer dirigirme hacia ese punto, me he convertido en destino.

No creo que nunca haya conseguido –realmente- salir de este lugar tan cambiante y tan Vivo que Soy y en el que estoy, en el que me Vivo. Claro que siempre he estado en mí, pero no siempre he estado dispuesta a Vivirme. Me aterraba explorar mis muchas tristezas y conocerme a través de ellas, escucharlas me hacía temblar y temblar no entraba en mis planes de chica fuerte. “Las chicas no lloran”. Porque si lloraba, las preguntas que aparecían en mi cabeza eran siempre las mismas… ¿qué pensarán?, ¿se creerán que soy débil y buscarán hacerme más daño?

La rabia hizo mella en mí durante mucho tiempo. Desde luego a mí me pareció mucho más del necesario. Ella tenía mucho que contarme, pero cero era el número que mostraba mis ganas de escucharla. Tanto era así, que Viviendo alojada en aquel estado de rabia y rebelión contra las masas, aprendí a escupir en lugar de concederle espacio a la palabra. Prefería mostrar mis potentes e hirientes pelotas antes que darme un mínimo permiso para desCubrir si en mi guerra Vital había algo de mi corazón, aunque fuese un atisbo. Por miedo a sufrir me separaba del mundo. Quería y necesitaba mostrar que conmigo no se jugaba, que nadie era quién para herirme, que yo estaba por encima de toda esa mierda con la que se empeñaban en embadurnarme, que yo era más que ellos. Y ellos, por supuesto, eran mucho, muchísimo, menos. ¿Qué era eso de pretender que mi corazón se secase por falta de riego?

De todos esos mundos de guerra obtuve Aprendizajes. Mejor dicho, lo hice de sus heridas. Las cicatrices que ahora me veo me cuentan combates encarnizados entre Personas que nunca se Encontraron, que no supieron Verse. Me hablan de responsabilidades no asumidas por mi parte, de reproches, de palabras de dolor abriéndose paso entre los escudos, del odio empuñando espadas y de mí creyéndome reina de todas las armas mientras ejercía como plebeya de mi propio corazón.

¿Cómo se le puede tener miedo al Amor?

Qué bonito me resulta creer que he Aprendido cosas. A veces siento que lo que ya conozco y manejo me sirve, pero otras tantas descubro que lo que creía saber no me sirve absolutamente para nada porque han cambiado los tiempos, los lugares y las circunstancias. Eso sí, yo trato de agarrarme a lo que sé con muchas ganas, lo veo como un bote que viene a salvarme de lo que no me gusta, de mis dudas, de mis miedos y de mis infinitas torpezas. Parece que si encuentro referencias sobre cómo actuar, cómo pensar o cómo sentir, puedo sentirme más confiada que si lo único que tengo para hacerlo es un “me dejo Vivir y lo que salga”.

El otro día, hablando con mi Amiga Vero -Amiga de Alma-, le contaba que a veces tengo la sensación de que busco salirme de mí, de lo que realmente Soy; que siento que el cuerpo me pide dejarme arrastrar por las corrientes de mi pensamiento, las que justifican un comportamiento estandarizado, y que, cuando eso me ocurre, simplemente me dejo ir hasta donde sea y, al hacerlo, me resulta fascinante desCubrir que ya no tengo la posibilidad real de alejarme de mí, de mi auténtica naturaleza, de lo que Soy. Me explico… (bueno, lo intento)

Puedo dar vueltas infinitas y danzar creyendo que me alejo de ese Centro en el que el Silencio que Soy sale a mi Encuentro, por supuesto que puedo hacerlo o, al menos, creérmelo. Claro que puedo centrar mi Atención en lo que hago, enfocarme en resultados, buscar que se cumplan mis expectativas, y pretender que todo salga según lo previsto porque me resulta fácil creerme que el control es necesario, que todo lo sabe y  lo establece. Pero también puedo pararme en todo ese batiburrillo mental que parece alejarme de mí y sentirme yo a través del caos en el que me encuentro para ser consciente de lo que realmente Soy y ubicarme en el desorden y  descontrol Vital del que, gracias a dios, formo parte. Hacerlo es muy pero que muy interesante. La sensación inicial cuando decido ponerle consciencia a lo que hago, siento, digo o pienso es desconcertante. La inercia tira con fuerza, mi pensamiento no quiere que me pare. Su voluntad es la de encontrar siempre en mi cabeza un caldero de hierro fundido con el que poder forjar afiladísimas flechas.

Me resulta muy estimulante ser consciente de todo esto porque me permite AprenderMe y hacerlo es fascinante, el mundo que durante 40 años he pisado parece distinto. El tipo de Aprendizaje al que me refiero no puede Aprenderse de una forma convencional porque no es conocimiento, es desCubrimiento; no es análisis de lo que ya sabes, es  curiosidad para indagar en lo que no tienes ni idea de ti. Por eso me doy cuenta de que nadie puede enseñarme cómo se Aprende a Vivir, igual que yo tampoco puedo enseñar a ningún otro porque existen tantas formas distintas de Vivir como personas con Vida.

¿Te das cuenta de que Vida solo hay una y personas con Vida hay 7.550.000.000? A mí me resulta fascinante, y más aún cuando voy de flipada y me creo que la Vida que yo Vivo es distinta de la de los demás. Si Vida solo hay una, ¿no será que lo único que marca la diferencia es la forma de Vivirla? Y si es así, ¿por qué no permitirme Aprender de mi forma de relacionarme con ella? La contestación me viene fácil: porque puede que, si lo hago, descubra que el concepto de “única opción” al que tantas veces me interesa acogerme, la Vida no lo contempla como tal, que lo único que ella hace es entregarse como Es: infinita, completa, abierta y dispuesta… pura Vida. Y entonces a mí me toque darme cuenta de que la única responsable de creerla tan limitada como para que tenga que cumplir en tiempo y forma con los objetivos que le marco soy yo, y eso, honestamente, a veces me molesta, porque me resulta mucho más fácil poner el foco de atención en lo que sucede fuera: en quienes me acompañan y en las circunstancias que se me presentan.

Y creo que ya es suficiente tarea mental esto de cuidar de mí cuando estoy a solas como para tener que andar pensando en que también tengo que cuidar de lo que creo que los demás pretenden que yo Viva, piense, diga o haga. Y digo “creo” porque, si soy honesta, es que ni sé lo que realmente quieren. Nunca se lo he preguntado abiertamente, me he dejado llevar por lo que “se supone que debería de ser” y me he quedado tan pichi. Joder, ¡cuánta estupidez tengo encima a veces! Y digo a veces porque otras veces no, oye, otras veces me paro en mis absurdas inercias y me miro dispuesta a AprenderMe.

Y es entonces –en ese momento en el que decido parar, cuidar del Silencio que Soy y Encontrarme a solas conmigo- cuando me doy cuenta de que nunca he tenido que recorrer ningún camino para Ser porque siempre He Sido, que tan solo me lo he creído tanto como para dejar que el miedo me enseñase cómo se crean los duros obstáculos  y el recorrido…

Qué intenso y qué bonito es saberMe la única responsable de mí. Qué tierno permitirme parar el ritmo de mi mente y descubrir que nunca hubo camino, que yo soy la meta y que siempre fui destino.

Un comentario Agrega el tuyo

  1. grojol dice:

    ¡Precioso!
    Queda claro que no es nada malo hacerse preguntas sobre uno mismo. Que no es nada malo estar dispuesto a AprenderSe. Que es bueno que nos importe saber que somos. ¡Ojalá que tantos miles de millones de vivos supieran eso!
    Un abrazo

    Me gusta

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