Un Hospital no son cuatro paredes

Un Hospital no son cuatro paredes

Nunca pensé que un Hospital pudiese ser Mío.

Siempre coloqué este adjetivo posesivo delante del nombre de algunas personas, del de mi pueblo, o previo a sustantivos genéricos para indicar cuál de todos los habidos tenía vínculo conmigo y cuál de ellos no.

A un Hospital no le pegaba la palabra Mi justo delante. O al menos yo no quería que para mí pegase. No para conectarlo al tipo de Mi del que hoy quiero hablar. En todo caso, y por pura necesidad, a la palabra Hospital yo la pretendía siempre precedida de un “mi” posesivo, pequeñito, sin mayúscula. Un “mi” de los de uso habitual para indicar que un Hospital (y no otro) me corresponde por zona.

Creo que siempre tuve miedo a generar vínculo afectivo con un Centro Hospitalario. Lo que pasa en los Hospitales asusta y mucho. Hay veces en las que no, es verdad. Hay momentos en los que un Hospital huele a Vida recién llegada, a curas o a salvación. Para el segundo aroma de lo que acabas de leer siempre estuve preparada, para el primero no.

Sin embargo, la Vida tenía para mí planes distintos a los míos. Ella quería que supiese que un Mi dictado desde el Corazón tiene la capacidad de situarse en cualquier parte, que incluso tiene la capacidad de situarMe a mí en lo que Soy y así desCubrir que cada Mi nace de un Yo.

Soy de las que piensa (y siente) que lo que nos llevamos del lugar en el que estamos no lo posibilita el lugar en sí. Lo que lo consigue son, a partes iguales, las Personas con las que te Encuentras por allí y lo que Tú mismo te Permites Vivir durante la experiencia.

Me doy mucha cuenta de esto cuando visito pueblos y ciudades. Mirar y Escuchar con Atención a un tendero de los que llevan “haciendo pueblo” toda la Vida enriquece mi  Corazón y la visita. Porque cualquier ciudad, por muy bonita que sea o cuidada que esté, es inerte. Son sus moradores quienes la dotan de Historia, de Sentido y de Vida.

En un Hospital pasa lo mismo.

En un Hospital es importante que las instalaciones funcionen correctamente, por supuesto. Yo creo necesario incluso que sean bonitas, que relajen y que hagan más dulces los duros momentos en los que podemos encontrarnos. Obviamente los equipos con los que cuente, la tecnología de la que disponga, o cualquier otro recurso que facilite nuestro paso por el Hospital, conseguirá que nuestra experiencia como pacientes sea lo menos incisiva posible, pero no todo lo necesario de un Hospital son recursos médico-sanitarios e instalaciones. Un Hospital lo crea su Gente. Toda. Démosle pues el lugar que le corresponde al Personal en nuestra experiencia como Pacientes, pues te aseguro que no es lo mismo encontrarte con un excelente profesional de intachable expediente académico trabajando “cara al público” que Encontrarte con una Persona que pone una parte de su Alma a tu Servicio.

Cuento esto porque la semana pasada tuve la enorme Fortuna de volver al que considero Mi Hospital : El Hospital de San Rafael.

Ese día tenía la ocasión de ¿devolver? una pequeña parte de lo que Mi Hospital me entregó durante todo mi proceso de diagnóstico, intervención y recuperación. Cada vez que tengo oportunidad de Compartir algo de lo que la Vida me contó durante mi proceso de salud, lo hago. Me siento feliz Compartiendo.

193 semanas habían pasado desde el día en el que crucé esas mismas puertas para que me operasen del aneurisma. Qué distinto se Vive lo que parece ser el mismo día de la semana. Qué distinto puede Sentirse “un jueves” si se  Vive como EL JUEVES o se sobrevive como un jueves cualquiera. Cuántas diferencias en los matices que acompañan cada Nuevo Día. Cuánto temor a veces. Y cuánto Amor a nuestro Servicio siempre.

Y digo siempre, sí, porque creo que el Amor auténtico está siempre disponible. SIEMPRE. Yo soy de las que siente que el Amor aparece en cuanto se le presta Atención. En cuanto nos Permitimos mirar más allá de lo que “ya sabemos” para Encontrarnos con lo que Somos de Verdad. Sin tapujos. Ya está. Sin más. Sin darle rienda suelta a las pamplinas del pensamiento que atesora el dolor por miedo a soltar las penas. Como si no soltarlas evitase su repetición. Y lo único que conseguimos con ello es dotar al sufrir de latido.

Sobre lo que acabas de leer me apoyé durante la hora y media que Compartí con la Gente de Mi Hospital. Mi Amiga Marta me había invitado a facilitar una de las sesiones del precioso Programa que está desarrollando para Personal Sanitario y yo, obviamente, lo tuve más que claro en cuanto me lo planteó.

Fue un jueves en el que charlamos y Sentimos lo importante que es colocar la Atención sobre nosotros mismos para poder reConocer desde el Amor cuánta Vida se nos escapa. Les invité a que se fijasen en los matices y en su forma de relacionarse con ellos para que saboreasen el dulzor que aportan en cuanto se les Permite. Yo, de Mi Hospital tuve la Fortuna de llevarme puestos muchos de esos matices y en ellos me apoyé para que el miedo que sentía no llegase a deshacerme.

Para mí, ese jueves era importante conseguir poner el Corazón encima de la mesa y mostrarles algo que, en aquel lugar, entre ellos, Aprendí…

En Mi Hospital Aprendí que LA VIDA ES. SIEMPRE. Lo que no va a ser siempre soy yo. Mi cuerpo, mi expresión, mi sonrisa y mi mirada no son infinitas, no durarán eternamente. Tampoco lo harán las de los demás. Las de nadie se quedarán para siempre, por eso es tan importante poner Atención a nuestro único tiempo asegurado: el Presente.

Aquel día tocaba hablar sobre eso, sobre la Vida que Somos y por qué, a veces, se nos olvida…

Algunas de las Personas que el jueves pasado estuvieron conmigo en el aula lo estuvieron también en los momentos más duros de mi paso por el Hospital. Nuestro lugar de Encuentro había cambiado de la consulta, el quirófano, o la habitación, a una de las aulas de formación, pero allí estábamos de nuevo. La misma Esencia Vital expresándose de distinta manera. Fue muy emocionante invitar a Vivir durante una hora y media a un montón de Personas, pero tener delante de mí a Juan Carlos, a Lola y a Begoña, uno de Mis Neurocirujanos, una de Mis Limpiadoras y Mi Logopeda, me produjo una sensación de Agradecimiento indescriptible.

“La Vida como Valor” fue el título que le puse a este ratito Compartido con ellos. Debieron tomarse el título muy en serio, porque hicieron gala del Valor más auténtico, el que no busca defenderse de nada y sí desCubrir lo que hay dentro. Tocaron la emoción, el lado más íntimo de la Vida, y desde ese lugar Compartió quien quiso. Precioso Verles. Descomunal Sentirles. Los que estuvimos allí bailamos, reímos y lloramos, y fuimos conscientes de que todo cuanto sentimos nace y muere de la única Persona que comparte con nosotros Corazón, nombre y apellidos.

Este es el resumen del jueves que Viví 193 semanas después de aquel 2 de octubre en el que Supe que, me pasase lo que me pasase dentro de las paredes del San Rafael, aquel Hospital siempre sería Mío.

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