18 de mayo de 2016

Hoy ha sido uno de esos días de los que me voy a acordar siempre.

Por última vez en este curso he andado el camino hacia la UNED. Por última vez he pasado por la zapatería de Lorenzo y, por última vez, me ha dado los buenos días la quiosquera. Hace siete meses y medio que paseé por allí por primera vez, dio la casualidad de que mi primera tutoría coincidió con la fecha en la que salía de la UVI un año antes y eso hacía que recorriese el camino hacia las clases con una mezcla muy dulce de agradecimiento y nervios ante la nueva etapa que comenzaba. En ese momento nada sabía de todas las cosas maravillosas que me esperaban gracias a haber dado el paso de retomar los estudios.

En este último día de tutoría me he pasado antes de ir a clase por la zapatería de “mi Lorenzo”, quería darle las gracias por su sonrisa, por su dulzura y por haberme mostrado el resultado de una vida dedicada a ser vivida. Le he llevado unos croissancitos para desayunar y le he dado un abrazo escondiendo un “hasta pronto, Lorenzo”. Con una sonrisa he salido de su zapatería, he llegado a clase, y he tenido la suerte de ser consciente de que era la última. Voy a guardar en mi recuerdo las inclinaciones de cabeza de mi profesor de lengua, Tomás, mientras nos explicaba por millonésima vez alguna de esas cositas de “mucho ojo con esto, que suele caer en el examen”, o los lanzamientos de tiza, desde el cariño, que nos han hecho pasar tantos buenos momentos.

Me guardo para mí un montón de recuerdos vividos en esas cuatro paredes, me quedo con las risas, con los encuentros, en definitiva… me quedo con los momentos.

Ha habido un ratito de la clase en el que me he ausentado sin irme y he recordado a María, mi gran compi, un ejemplo enorme de valentía y determinación (ella es la protagonista de la próxima entrada en “Dejando Huella”). Me hubiese encantado tenerla cerquita en nuestro último día de clase, no ha podido ser, pero sé que ella se habrá alegrado enormemente de que “sus chicos” estemos un pasito más cerca de alcanzar nuestro objetivo.

Hay algo que intento hacer cada día y consiste en plantearme tres retos de buena mañana. Uno de ellos es a nivel personal, otro a nivel social y el último, en el profesional. Se trata de que sean retos chiquitines, “fácilmente” alcanzables, de esos que, cuando me voy a la cama y revivo todo lo bueno que me ha aportado el día, haya un huequecito reservado en el que dejarlos instalados. Ha habido días en los que no he llegado siquiera a plantearme qué tres avances quería realizar, ha habido otros (muchos) en los que lo propuesto no ha coincidido exactamente con lo que he llevado a cabo, pero esa forma de enfocar el día, siempre me ayuda a trabajar en esa mejora de mi versión en la que creo.

El caso es que, hoy, uno de esos mini retos era el agradecer a una doctora que tan solo vi dos veces todo lo que ha hecho por mí. Os explico un poquito la historia…

Lo que podéis leer en “El Diagnóstico” es una reflexión sobre cómo viví una etapa de mi vida y lo que esta me enseñó, pero no está completa la información sobre cómo llegaron a descubrir lo que tenía. Cuatro años antes de lo que os cuento en el post, tuve mi primer encuentro con ese “yuyito” que te da cuando te dicen que tienes cositas importantes que arreglar en tu organismo. Por resumir os contaré que llegué al hospital derivada por el médico del trabajo, me hicieron unas pruebas y vieron algo raro en una de ellas que les llevaba a pensar en una operación de urgencia; decidieron dejarme ingresada para seguir haciendo pruebas y ver hasta qué punto era necesario operar enseguida o si podían planificarlo todo sin tanta urgencia. En la última que me realizaron me dijeron que todo había sido una falsa alarma, que me podía ir a casa y hacer vida normal.

Como os adelantaba antes, cuatro años después de eso, llegué a la consulta de Rocío, neuróloga de profesión, por un tema que nada tenía que ver con lo que había pasado años antes, pero, al hacer mi historia clínica, me preguntó si tenía algún antecedente de interés y se me pasó por la cabeza comentarle por encima lo que me había pasado. Gracias a la atención que prestó a eso que para mí era una tontuna, llegaron al diagnóstico. Si ella hubiese pasado por alto la información que yo le estaba dando y se hubiese limitado a escribirla en mi ficha, no sé si hoy estaría compartiendo esto con vosotros.

Por ese motivo hoy Rocío ha sido una de las protagonistas de mis tres retos del día. He escrito una carta en la que le he intentado reflejar mi agradecimiento por ir más allá de lo que aprendió en la Facultad y me he ido al hospital en el que ella trabaja. Después de que terminase con la paciente a la que estaba atendiendo he tenido la oportunidad de charlar un ratito con ella y explicarle el motivo de mi visita. Me ha sorprendido que, nada más entrar por la puerta, me haya preguntado qué tal estaba. Recordaba la situación que se había producido conmigo y me ha dicho que muchas veces se ha preguntado qué habría sido de mí. Hemos compartido unos minutines, no muchos, pero he salido de allí todavía más agradecida de lo que había entrado. Ahora le sumo a ese agradecimiento inicial hacia Rocío, todas las palabras que me ha regalado.

Tanto de lo vivido con Lorenzo como con ella, extraigo algo que me llama mucho la atención y sobre lo que no me había parado a pensar. Cuando doy las gracias a alguien, siempre lo hago por mi propio bienestar, porque me siento bien haciéndolo, porque me sale del corazón, pero no me había detenido a analizar lo que puede llegar a significar un “gracias” para la persona a la que se lo estoy haciendo llegar. Hoy he sido consciente de la gratitud recíproca, de que algo tan sencillo como agradecer a nuestro entorno lo que aportan a nuestra vida, puede convertirse en un regalo para quien lo reciba.

Ahora que ya es de noche y estoy escribiendo sobre mi día, veo la intensidad de las emociones que hoy he tenido la suerte de disfrutar y soy consciente de que tienen su origen en esos pequeños retos de los que os hablaba, en las pequeñas cositas de cada día. Pienso en cuando le daba vueltas a cómo le pediría a Lorenzo y a su hijo su “visto bueno” para publicar lo que escribí en el blog, creía que era algo bonito para compartir, pero no sabía cómo lo podían enfocar ellos y mi cabeza dio dos mil vueltas sobre “posibilidades inventadas”. O me veo también en el batiburrillo de “y si…” que me merodeaba ante la posibilidad de que Rocío pudiese no entender mi agradecimiento o que quizá hasta le pareciese ridículo.

Me gusta mucho ser capaz de identificar todas esas excusas que me invento para no llevar adelante el siguiente paso en mi camino. Verlas me hace aceptarlas y, desde ahí, desde esa aceptación que nada tiene que ver con la resignación, trabajo sobre ellas para no darles mayor protagonismo en mi historia que al objetivo que me marco. Esos tres retos diarios no suponen enormes avances, pero sí que me acercan a aquello en lo que me quiero convertir, me hacen ir disfrutando de cada día con una intensidad que antes no sentía, simplemente, porque no sabía. Creo que, si tienes claro tu destino, encontrarás cómo llegar hasta él, las oportunidades se disfrazarán de mil maneras, desde retos mañaneros hasta encuentros casuales que te muestren algo que antes no veías, pero estarán ahí, las llamaremos suerte, causalidad o destino, pero esas grandes oportunidades, siempre formarán parte de tu camino. Solo depende de cada uno de nosotros cómo jugar con ellas para conseguir situar el siguiente punto de nuestro proyecto de Vida en el lugar perfecto para que, al mirar atrás, podamos disfrutar de la preciosa sensación de que, aquello que quisimos hacer, fue lo que hicimos.

7 Comentarios Agrega el tuyo

  1. tesa dice:

    Hoy he entrado por primera vez en tu blog y al ver 18.05.16 me he parado de inmediato….y ya ves “hoy es uno de esos días que yo nunca olvidaré “…..mis razones son mucho más profundas y la vas añadir a tu lista, ahora que estamos más unidas…. ése es el día que mi Lucía eligió para avandonarnos.
    A sido mi ángel y el de cuantos la han conocido, sí!! un ángel con mucho mal genio y rabia y mala leche…pegaba a todos cuantos querían besara y eso que siempre estaba al quite para impedirlo …porque 6 años de enfermedad te obligan a sacarla.
    Ese es el día en que mi vida ha dado un gran giro, no es un final es un nuevo comienzo.
    Mi hija fue un gran regalo que sabido disfrutar hasta el final, ha sido duro y difícil darle una infancia sabiendo que no tendría adolescencia más mi misión esta cumplida y ahora a disfrutar de cuantas personas ha puesto en mi camino “Mi Angel”…soy vosotros y cuantos pondréis a partit de ahora en mi vida.
    Gracias……

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  2. Paloma dice:

    Hacía mucho tiempo que no leía algo y me quedaba con la sensación de querer más…¡Me ha encantado!

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  3. Begoña dice:

    gracias a la vida por haberte conocido

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  4. Begoña dice:

    hola, es la primera vez que leo y escribo en un blog, y sabes? el leer tu escrito me relaja, lo leo despacito como si tú lo estuvieras dirigiendo, y me gusta, es precioso poder tener este tiempo en el que transmites tanta “vida”, me sirve para frenar la agitada vida que normalmente llevo y me ayudas a parar, a sentir y vivir mas despacio,
    gracias, es una preciosa palabra,
    gracias a la vida porque te he encontrado en mi camino, eres estupenda y yo he tenido una gran suerte con “aquella pacientita que pidió consulta en logopedia” y no necesitaba tal rehabilitación, yo era quién necesitaba una persona tan especial que me sirva de ejemplo de valentía y amor,
    gracias.

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  5. Monica dice:

    (aplausos, es que no se como puñetas se ponen). Muchas gracias corazón.

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  6. Raquel Ramírez dice:

    Motivador artículo para empezar todas nuestras mañanas. Un beso fuerte y Gracias miles

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  7. Juanito dice:

    No sabía que un blog puede cumplir funciones de UNED, educándonos a través de las distancias en conocernos mejor nosotros y a los demás. Gracias.

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