Ángel

Fin de la jornada de trabajo y vuelta a casa. Ya ha caído la noche y camino hacia el coche. Las nubes acarician una luna cercana, casi tangible. Huele a lluvia y avanzo disfrutando de la calma que me regala un silencio roto solo al caminar. Parece una noche como otra cualquiera, pero soy consciente de que algo ha cambiado para siempre…

Ángel y yo cruzamos nuestros caminos hace casi diez años. La primera vez que le vi vestía de traje. Estaba sentado tras su mesa de trabajo y cuando me presenté me dio la bienvenida con una sonrisa de esas que te acogen invitándote a mantener la calma. Ese día comenzaba una semana de formación en un departamento totalmente distinto al mío dentro de la empresa y aquella cálida bienvenida me ayudó a superar los nervios y a llevar mejor mi primera jornada.

Durante la semana que estuve en esa sección debía empaparme de todas las buenas prácticas que allí se realizaban para intentar trasladarlas al puesto que yo ocupaba por aquel entonces. En ese tiempo creo que coincidí con él en un par de ocasiones. No recuerdo exactamente qué es lo que hablamos mientras íbamos a comer o en el ratito del café mañanero, pero lo que sí que viene a mi memoria con claridad es la tranquilidad y la cercanía que esos días me transmitió.

Pasaron algo más de dos años hasta que conseguí alcanzar un puesto en ese departamento y han sido algo más de siete los que he tenido a Ángel como compañero.

Podría escribir infinidad de anécdotas de esos años que voy a recordar siempre, pero si tuviese que escoger algunas de ellas me quedaría con nuestros desayunos post 24 horas, nuestras charlitas mientras las agujas del reloj marcaban las mil, los viajes con escapadita a contrarreloj para ver lo más emblemático de las ciudades que visitábamos o la cara que se nos ponía cuando llegábamos al buffet del desayuno y no sabíamos ni por dónde empezar.

Han sido años en los que hemos compartido mucho más que trabajar para un fin común.

Recuerdo bien la primera vez que Ángel me mostró su forma de entender la vida. Estuvimos charlando durante horas y aquellas palabras fueron para mí la llave con la que abrir una parte inexplorada de mi vida. Creo que ahí empecé a tomar conciencia de que podía dejar de creer que mi vida bailaba alrededor de mis circunstancias y que podía llegar a reconocerme en mis emociones siempre y cuando estuviese dispuesta a intentarlo.

Aquella charla podría haber pasado por delante de mí como lo hacen tantas otras, sin dejar mayor huella que la de un ligero recuerdo, pero esa primera toma de contacto con mis rinconcitos escondidos me prepararon para enfocar, desde una perspectiva distinta a todo lo que había conocido hasta ese momento, la dura y enriquecedora etapa de mi vida que se abrió paso a puñetazo limpio justo al día siguiente de nuestra inspiradora conversación.

Por esas fechas mi madre vivía en Galicia y cuidaba de sus padres allí. Ambos eran altamente dependientes y ella dedicaba sus días al cuidado de los yayos. En unas pruebas rutinarias le habían encontrado un tumor y querían continuar con el estudio para iniciar el protocolo de actuación lo antes posible. Hasta ese momento le había escondido al resto de la familia el proceso por el que estaba pasando, pero ese día decidió dar un paso al frente y contármelo. Eran muchos los kilómetros que nos separaban, así que, pensando en hacer frente a la enfermedad y todo lo que conllevaba de la mejor forma posible, tocó cambiar la situación geográfica de todos ellos y reenfocar esta nueva etapa desde Madrid.

Nunca sabré si hubiese respondido ante todos esos cambios como lo hice si mi madre me hubiese llamado tan solo un par de días antes, pero lo que sí que sé es que decidí enfocarlo “ocupándome de” en lugar de “preocupándome por”. Fue una etapa en la que hubo que dar muchos pasitos al frente sin saber cuál sería el siguiente, y aquella conversación con mi compañero y amigo fue un gran punto de referencia sobre el que apoyarme.

Creo que Ángel es una de esas personas-puente que la vida te pone delante para que siempre tengas presente que puedes cruzar todos los ríos que te propongas y alcanzar tantas orillas como desees.

Él es de los que van semillando sin esperar fruto, de los que pasan por tu vida para enriquecer tu alma, de los que se cruza en tu camino para darle esa luz que esconde su nombre.

… Hoy siento que mi garganta esconde llanto. Acabo de despedirme de él por última vez. Vuelve a vestir de traje, como aquella primera vez que le vi, pero ahora es un hasta pronto lo que me muestra tras su sonrisa calmada. Cierro la puerta sabiendo que la jubilación es su próxima parada y soy consciente de que serán muchas las veces que le eche de menos, pero también sé que los puentes que él construyó no solo unían las orillas de mi camino.

angelito

Feliz etapa, Angelito.

3 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Moni dice:

    Siempre podrás recordar vuestras charlas antes de cruzar el próximo puente reina.

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  2. ines dice:

    Cada historia que cuentas me emocipna mas. Te quiero

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  3. Juanito dice:

    Ángel tuvo la fortuna de encontrarte. Y seguro que se siente muy feliz por ello. Como tú por tu hallazgo. Felicidades a ambos

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