Los motivos

En este huequecito del blog os voy a contar las experiencias que me han llevado a darme cuenta de que el camino por el que estaba andando no me llevaba hacia donde yo realmente quería ir. Os quiero contar qué herramientas he usado para hacer más cómodo todo este proceso de cambio y compartir todos aquellos nuevos recursos que me ayuden a llegar al lugar donde quiero estar. Tener claro el destino no conlleva no disfrutar del camino, y en ese disfrute del momento presente es donde encuentro el punto en común de cada una de las estaciones que voy recorriendo.

Iniciar un nuevo camino no te libra de tropiezos, de dudas y de miedos. No se trata de agitar una varita mágica que te convierta por arte de birlibirloque en lo que siempre quisiste ser; tampoco va sobre cómo aplicar una fórmula matemática que, sí o sí, vaya a dar con una única respuesta como solución a todas las preguntas que se te plantean. Es algo mucho más apasionante que todo eso, se trata de tomar consciencia de que tú eres el Protagonista de la historia, que solo depende de ti vivir desde el papel que te corresponde y comenzar a generar coherencia entre lo que Eres, lo que piensas, lo que sientes, lo que dices y lo que haces.

El proceso conlleva pasar por distintas fases, muchas de ellas duras, de negación de la situación por la que atraviesas, de las personas de las que te rodeas, o, incluso, de negarte a ti mismo. Pero también existen otro tipo de etapas: las de celebración, las del entusiasmo ante el siguiente paso que vas a llevar a cabo y las más estimulantes, esas en las que comienzas a darte cuenta de que, aquello que en un principio parecía un imposible, comienza a formar parte de tu día a día y te acerca a eso que quieres en tu vida.

En mi caso, estoy en ese primer escaloncito, desaprendiendo aquello que aprendí mientras llevaba puestas una gafas oscuras, casi opacas, en las que me excusaba para justificar mis penurias; en las que me apoyaba para darles a los demás mi mando a distancia; con él podían modificar todo aquello de mí que ellos considerasen que yo debía cambiar y así, en ese formato de modelado externo, llevaba mi día a día. Tenía totalmente aceptada la queja sin acción. Y es ahí donde, para mí, radicaba la confusión. Estaba validando esa forma de vida creándome un montón de justificaciones ante mi forma de proceder: “le pasa a casi todo el mundo”, “es que el mundo es así”, “NO PUEDO”, “es que yo soy así”, “me da miedo”, “ya, si eso…mañana”…Un largo listado de razones que lo único a lo que me ayudaban era a tranquilizar mis ganas de cambio a puñetazo limpio, y a creerme que el papel que me correspondía en mi propia vida, era el de actriz secundaria. A día de hoy, sigo llevando gafas. Sé que he cambiado el color de los cristales, el grosor de sus lentes y el material del que están hechas, pero las sigo necesitando.

Los motivos que me llevan a escribir a través del blog son varios: por un lado tenía ganas de dejar constancia para mí misma de aquellos pensamientos que me acompañaban a través de este proceso de mejora en el que me encuentro y, así, ver con el paso de los años, cómo habrá sido mi evolución y, por otro lado, el deseo y la ilusión por compartir todas estas experiencias, reflexiones y momentos que me sirven como herramientas para construir aquello en lo que creo, de lo que formo parte, lo que soy. La idea de partida me la dio mi amiga del cole, Paloma, quien, ante mi deseo de compartir esta forma de vida, me sugirió que crease un blog donde llevarlo a cabo. En ese momento había oído el término infinidad de veces, pero no sabía muy bien lo que era y, mucho menos, cómo crearlo. Cinco meses después, compré el dominio y emprendí nueva aventura. Está claro que si tienes claro el “¿qué?”, irás descubriendo el “¿cómo?”

Con la esperanza de ser capaz de semillar ese fruto del que comienzo a disfrutar, nace  UNIENDO PUNTOS. El nombre hace referencia a esa sensación que surge cuando eres consciente de que cada paso que has dado en tu vida no ha estado ahí porque sí, que cada uno de ellos era una parte ineludible para poder dar el siguiente y que, en el momento en el que tú lo decidas, serás tú mismo quien colocará uno más para darle a tu propia historia la forma que deseas.

Gracias por creer en ti. ¿Comenzamos?