El lenguaje

Vuelvo a Madrid. Recorro kilómetros en el autobús mientras leo a Mario Alonso Puig. Me gusta leerle, tardo mucho en acabar sus libros porque infinidad de frases me ayudan a reflexionar, a replantearme opciones. El texto que tengo en mis manos se titula “Ahora Yo”. Solo la portada ya me parece sugerente. El capítulo 12 lleva por nombre “Un lenguaje transformador”, lo leo y lo releo. Disfruto. Cierro el libro y reflexiono sobre lo que extraigo de sus páginas. Le dedico un ratito a sacar el jugo de sus frases y comienzo a ser consciente de algo que ya descubrí cuando leí el primero de los Cuatro Acuerdos… la importancia de ser impecable con mis palabras.

Mientras miro por la ventana del bus, voy disfrutando del paisaje, lo describo en mi mente, utilizo el lenguaje para detallar un cielo con nubes donde aparecen formas que invitan a que deje volar la imaginación para recuperar ese don de la infancia que me hacía descubrir grandes leones entre nimbos y también flores hechas de agua. Me siento genial recordando viajes al pueblo donde jugaba con mis hermanos a imaginar en el cielo formas imposibles mientras cantábamos hasta la saciedad aquel “un elefante se balanceaba…”

Avanzo por el camino y continúo con mi descripción de lo que veo. Descubro algo que me llama la atención: entre todas esas nubes que se tornan algo oscuras, existe un precioso claro que juega con los rayos del sol. Decido instalarme ahí, en el claro, disfrutando de la combinación de colores que me regala. Le pongo nombre a lo que veo y a lo que siento, incluso a lo que imagino… continúo utilizando todas esas herramientas que me da el lenguaje para ser capaz de “etiquetar”  lo que percibo, es genial, me siento afortunada de poder hacerlo. Lo agradezco, y en ese “gracias” incluyo mucho más, me doy cuenta de que el aneurisma del que me operaron estaba situado justo en la zona del lenguaje,

Fotito viaje Galicia
Nubes que te invitan a reflexionar

esa en la que mi cerebro trabaja para darle sentido a las palabras, donde le doy cobertura a lo que extraigo de ellas más allá del significado de origen. Aquella bomba de relojería estuvo en el lugar donde gestiono una de mis posibilidades de relacionarme con el mundo. Todo fue bien. Vuelvo a agradecer. Me doy cuenta de que llevo puesta una sonrisa… sonrío más.

 

En ese momento de dedicarme a ser consciente, comienzo a pensar en todas las personas a las que he conocido gracias al lenguaje. No me quedo solo con aquellas con las que me puedo relacionar a través de palabras escritas o habladas, decido ir un poquito más allá y me acuerdo de Carmen, mi Profesora de lengua en EGB, con la que viví muchos momentos en los que me entraban ganas de mandarla a freír puñetas pero a la que ahora le estoy agradecida. También me viene a la cabeza Tomás, mi último Maestro de esa materia, profesor de la UNED, persona con valores y principios grabados a fuego que me ha enseñado mucho más que gramática o análisis sintáctico y del que aún tengo la suerte de seguir aprendiendo, y pienso también en alguien que llegó a mi vida gracias, de nuevo, al lenguaje o, más bien, gracias al miedo que tuve de tener problemas con él. Su nombre es Begoña.

Ella fue mi Logopeda. Un tiempo después de haberme operado del aneurisma tenía una sensación extraña al pronunciar en algunos momentos, la gente no me lo notaba siempre, pero yo sentía esa dificultad y me preocupaba. En mi trabajo es imprescindible hablar y decidí comentarle el problema a mi neurocirujano por si podíamos ir mejorando ese tema antes de incorporarme de nuevo. Así llegué a la consulta de Begoña. En el cuartín de logopedia estábamos otro chico más y yo. Él era un chavalito muy joven, era su última sesión. Yo llegaba expectante, esperando recibir las claves que me llevasen a volver a pronunciar con la facilidad que lo hacía antes de operarme, con mi pañuelito en la cabeza cubriendo la cicatriz y dispuesta a ponerle solución a eso que me preocupaba, pero me llevé mucho más que los ejercicios que me acercaban a pronunciar mejor, salí de allí con el primer paso dado hacia una amistad de esas que te enriquecen la vida.

Gracias a Begoña he aprendido muchas cosas y he conocido a grandes personas. Ella ha puesto en mi camino a Maite, un ejemplo absolutamente sublime de vivir en el presente, de mirar a la vida con ilusión incluso en momentos que imagino cercanos a la desesperación, mostrando la gratitud hacia lo que fue y dejando de lado la ira por lo que pudo haber sido y se truncó por el camino. También gracias a ella he conocido a Raquel, otro ejemplo de persona de las que gestionan nuevas circunstancias aceptando la incertidumbre y los miedos como acompañantes de ruta, sin perder la sonrisa, y teniendo la ilusión y la serenidad como guías del camino. Gracias, Begoña, gracias por toda la gente bonita que me invitas a subir a mi tren y gracias por haber subido tú también. Creo que esa pequeña dificultad con el lenguaje que me llevó hasta ti poco tiene que ver con la casualidad; la identifico más bien como la causa perfecta para encontrarme contigo.

El lenguaje me lleva a esto, a organizar ideas y sentimientos, a encontrar las palabras que me aproximan a conseguir reflejar lo que siento. El lenguaje me acerca a los demás y también me ayuda a reencontrarme conmigo, me muestra recursos para plantearme opciones que vienen disfrazadas de vocabulario variopinto, de frases repetidas mil veces que, de repente, un día, te muestran un significado distinto al que le sabías dar antes y que te arrastran a redescubrirte, a hablarte desde una nueva perspectiva… la que te lleva a despertar todas tus partes dormidas.

Esto tan simple es para mí el lenguaje: puro descubrimiento.

3 Comentarios Agrega el tuyo

  1. tesa dice:

    Jo!!! Que bonitas palabras sobre mi persona, siempre me sacáis los colores.

    Durante los años de lucha contra el cáncer de mi pequeña solo he pensado en darle infancia y normalizar en la mejor media sus días, ya que no tenía esperanzas de un futuro. ….Nadie sabe lo larga o corta que va a ser su vida.

    Nuestra vida es incierta y luchamos en demasiadas ocasiones por un porvenir que de todas… todas es incierto. Sólo algunas personas, tras una experiencia fuerte de vida, son capaces de aprender que sólo somos dueños de nuestro presente por lo que tenemos que mimarlo y cuidarlo.
    Yo, no se porque, tengo esa cualidad innata en mi, los genes son extraños aunque no me siento orgullosa de ello; tener esa fortaleza y que sea reconocida por mucha admiración que una despierte, implica que mis vivencias son complejas y mi camino muy empedrado y cuesta arriba. Me gusta conocer gente que como yo deseen facilitar la vida a los que les rodean y que con sus vivencias sean experiencia de vida; ya que no tenemos segundas oportunidades y sino vivimos plenamente y desaprovechamos nuestro paso por esta vida la estamos desperdiciando.

    Agradezco infinitamente que pese a que mi camino ha sido muy cuesta arriba estos años, haber podido ver los puentes o en esta ocasión diría que las escaleras mecánicas que me han ayudado a subir cada nivel (que culmino el día del fallecimiento de mi pequeña) ; Begoña, Ana, Elena, …. me acompañaron y ayudaron a mantener mi buen animo; ahora que inicio un nuevo recorrido, no más hermoso aunque si mas soleado y brillante, sigo dando con nuevos puentes como tú, para seguir disfrutando de nuevas amistades y vivencias.
    OS dejo que me lío….un besito.

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  2. mario dice:

    Hablamos poco, es paradójico, en un mundo con tanta tecnología y con tantos medios de comunicación y hablamos poco. Nos comunicamos, expresamos emociones, momentos y estados de ánimo a través de fotos o emoticonos, a través de guasap, twiter, facebook o similares, pero no hablamos, y lo que es peor no nos hablamos a nosotros mismos,no somos capaces de ponerle palabras a lo que nos rodea. Y muchas veces lo que se habla no enriquece, sería mejor el silencio.
    Que valioso es encontrar gente que subir a tu tren,que te enriquezcan y te aporten y conseguir hacer de tí alguien que enriquece y aporta.Que importantes son los compañeros de camino ¡¡¡¡¡
    Muchas gracias ¡¡¡¡

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  3. ines dice:

    Gema muy bonitos tu relatos. Un besiño

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