Me dejo caer

Me dejo caer

No resulta fácil dejarse caer, pero es tan simple…

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Qué distinto es no querer que pase algo a que ese algo no pueda ser. Y cómo hiere, a veces, notar la diferencia entre lo que quieres que sea y lo que es, o incluso lo que quieres ver de ti y lo que ves.

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En ese “me duele” es tan fácil dejarse arrastrar por la corriente, estar a su merced y rendirse al vapuleo en lugar de hacerlo a lo que Eres…

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Ahora estoy en un momento de esos. Uno en el que me pido a gritos dejarme caer en lo que siento y al mismo tiempo mi cabeza me alerta de la locura que es hacerlo, del miedo  que da, e intenta convencerme de que lo deje pasar, que mire para otro lado, que haga como que no está lo que ya estoy sintiendo. ¡Pero si lo loco de verdad es huir de esto, huir de lo que siento! ¡Y cuántas veces lo he hecho! Tantas como para llegar a convertirme en experta en negar lo que soy y lo que siento.

Acabo de soltar el látigo que con soltura manejo. Me escuece la piel. Es verdad que usarlo me hace daño, pero a veces me parece imposible desprenderme de él. Me resulta más fácil curarme las heridas que dejármelas de hacer. La costumbre de usarlo le convierte en un anexo de mí -gracias a dios dejé de serlo yo de él-. Me miro las manos. Palpitan. Y me parece mentira que las que ahora veo teñidas del rojo de la ira sean las mismas que en otros momentos me cuidan, miman y acarician.

Tan cabreada estoy que no he querido esperar a tener un ordenador delante para escribir sobre esto que siento. Es demasiado intenso para esperar. El cuerpo me pide dejarme caer en mí ahora, así que lo hago a golpe de lápiz y papel, con tachones. No quiero esperar a tener mi portátil delante para hacerme este favor. Y es que escribir es para mí un regalo inexplicable. Porque me regalo dejarme caer en mí, en lo que siento y en lo que pienso, y dejo de huir de ello. Abandono el conflicto. Es brutal experimentar algo así porque te permites sentir lo que sientes. Sin juicios. Sin rencores. Y ves cómo, de forma natural, comienzas a Amar tus manos aún calientes de azotarte por lo que haces mal. Miras con tanta ternura a tu lado más punible que la culpa se libera sin más. Pasas de un estado de enfado y dolor a uno de Aceptación hacia ti misma. Y todo gracias a que miras desde lo que Eres a lo que sientes, te abres honestamente a explorar terrenos que parecen poco amigables y te dejas caer en Ti en lugar de dejarte manejar por personas, circunstancias y corrientes.

Tanto las personas como las circunstancias y, por supuesto las corrientes, siempre van a formar parte de nuestras Vidas. De hecho, nosotros también le damos forma a alguna de estas dimensiones en la Vida de los demás.

Estamos interconectados, formamos parte de un todo. Pero en ese “todo” habitamos como individuos, y de la mano de nuestra individualidad se nos hace un regalo maravilloso y exclusivo: el de tener la posibilidad de desCubrirnos y disfrutar de una Vida Sentida y con Sentido. Es un regalo exclusivo porque nadie más que tú puede hacerlo: imposible que alguien Viva, sienta, piense y actúe de la misma forma que tú lo haces. Y es maravilloso porque Vivir sin miedo a Ser y a sentir es tan excitante, tan Mágico, tan bonito…

El Ser Humano es dado a experimentar conflictos. Y no hablo ya de los de piel para fuera -que también-, sino a los de piel para dentro. El dolor emocional es fiel reflejo de ellos, de nuestra forma de relacionarnos con lo que sucede, y también con nosotros mismos. Nos jode ver que lo que nos gustaría que sucediese dista mucho de lo que sucede. Estamos acostumbrados a Vivir los conflictos, nos llegamos a resignar a ellos, y terminamos convirtiendo el dolor inicial que producen en sufrimiento por no atrevernos a meternos a fondo en ellos para conocer de dónde nacen y resolverlos. Y ojo con eso, todos sabemos que no es lo mismo dolor que sufrimiento. El primero es inevitable; el segundo, opcional.

Yo vivo muchas veces en conflicto. Esta entrada sale de uno de ellos. Muchas de las emociones que siento, de primeras, no me gustan una mierda. Te pongo ejemplos, lo mismo alguno te suena: todas las emociones que me hablan de miedo, de sentirme poca cosa, de frustración, de cansancio, de pereza, de asco, de pena o de tristeza, no me gustan nada. Activan mis señales de alerta, así que, en cuanto aparecen, en automático me pongo mis escudos, me armo hasta los dientes, y me preparo para la guerra.

Descubrir que no tienes ningún enemigo delante jode mucho. A mí me desorienta. Porque yo me he organizado un plan de lucha súper potente después de 40 años en terreno de batallas. He creado mis propias armas y me he adiestrado para acabar con quien tuviese delante. Y claro, encontrarme con que salgo al campo dispuesta a luchar y estoy sola, pues me jode. Y mucho. Es más, cuanto más cabreada estoy, más me jode. Cuantas más ganas tengo de batalla, más me jode no lucharla. Porque lo que busco en esos momentos es aniquilar a qué, quién o quiénes hago responsables de lo que siento, y  lo que me encuentro es mi única responsabilidad. ¡Como para que no me joda el temita…!

A mí me da cierta lastimica verme aparecer de esa guisa en el campo de batalla: armaduras de titanio para evitar heridas, caballos que me hacen correr más deprisa, sables, sogas y pesada artillería. Toda una Vida apañando armas para no tener con quien usarlas a veces me resulta hasta gracioso. La cara que se me queda cuando me doy cuenta de que no tengo posibilidad de librar ninguna batalla es una mezcla de desesperación (por esa sensación de “pues a ver ahora qué hago, a ver a quién muelo a palos”), rabia (por todo lo que me lo he currado y lo bien preparada que estaba), y vergüenza (por haberme flipado con algo que ni existía) Y a todas estas tengo que añadirle la de sorpresa al ver el enorme espejo que la Vida me pone delante para que sea consciente de mis pintillas.

Cuando me miro en él descubro que yo no Soy ni mis escudos, ni mis armas ni mis ganas de lucha. Yo Soy quien les da forma, quien las empuña. Y ante el reflejo del espejo encuentro la única oportunidad de soltar todas mis armas para comenzar a mirarme sin ellas y conseguir desCubrirme yo. El espejo me invita a dejarme caer en ese momento, en lo que estoy sintiendo. Así aparece un miedo muy distinto al que siento cuando me preparo para la guerra. A luchar estoy acostumbrada, pero a desCubrirme en el único momento en el que estoy no, y es una historia muy distinta, porque no tengo posibilidad de apoyarme en nada conocido, dejo de tener referencias, se evaporan todas mis expectativas y me quedo yo. Sola. Con lo que Soy. Con lo que siento. Así que llega “el momento vértigo” y me toca prestarme Atención sin armas de por medio. Al hacerlo, las emociones  contra las que antes quería luchar se convierten en Maestras: me enseñan todo cuanto necesito saber de mí en ese momento, y noto cómo caen por su propio peso grandes capas de rencores, luchas y miedos.

A esta reflexión me ha llevado esto de dejarme caer en lo que siento… hoy. La comencé hace unos días, con un lápiz y un papel en un entorno de oficina. Comencé a transcribirla un par de días después de ese momento, y la termino de pulir hoy, en el sofá de mi casa, el día antes de publicarla. Me ha encantado ser consciente de la diferencia entre cada uno de esos momentos y de cómo han ido cambiando mis emociones en cada uno de ellos. Me doy cuenta de lo impermanentes que son mis emociones y de lo permanente que soy yo -quien las siente-. Qué pasada… es realmente alucinante ser consciente de eso, porque dejas de creerte tantas cosas y pones en duda tantas otras… Dejas de encerrarte en ti y en tu forma de pensarte, y te abres a sentirte, a dejarte caer por tu propio peso en ti y a desCubrirte aquí, ahora, en este único y maravilloso momento, el único que realmente tienes; este en el que eres consciente de tu capacidad única para Vivir tu Vida utilizando la Vida que ya Eres.

Joe, me encantaría poder explicar esto, pero no sé cómo hacerlo. Es mejor que tú mismo lo experimentes…

Déjate sentir…

Cae por tu propio peso…

VIVE LA VIDA QUE ERES…     Simplemente eso.

2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Juanito dice:

    Eso es utilizar el cerebro. Yo opté hace tiempo por el dopaje y mi endeble cerebro ya se ha acostumbrado a la siesta permanente, por aquello de “cerebro que no siente,..” .
    Un beso con admiración y un gran respeto a lo que eres.

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  2. Julián González dice:

    Gracias Gema, das en la diana sin necesidad de disparar, ya sé que va a ir al centro como siempre. Gracias

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